La idea de esta conferencia no empezó con la logística, los recintos ni los oradores. Empezó con una pregunta que me acompañó durante meses: ¿qué pasaría si a los jóvenes de toda América Latina se les diera un espacio que fuera verdaderamente suyo, uno en el que sus voces no fueran simbólicas, sino tomadas en serio? Cuando el Programa Kectil en español se lanzó oficialmente en 2025, llegando a más de 600 jóvenes de toda la región, me quedó claro que una conexión virtual no bastaba. Había una necesidad creciente de un espacio físico, uno en el que las ideas pudieran chocar, las relaciones profundizarse y el liderazgo colectivo tomar forma. Esa certeza marcó el inicio de lo que más tarde se convertiría en la primera conferencia del Programa Kectil en América Latina. Desde enero en adelante, me comprometí por completo a convertir esa visión en realidad. El objetivo nunca fue crear una conferencia convencional. Quería diseñar una experiencia, una que reflejara la diversidad, la creatividad y la urgencia de la juventud latinoamericana. El 8 y 9 de agosto de 2025, ese sueño se materializó en Lima, Perú, en el Swissotel Lima, reuniendo a más de 200 líderes jóvenes. Construir un espacio diseñado para la juventud, por la juventud Los jóvenes participantes llegaron de todas las regiones del Perú, acompañados por pares de Colombia, Ecuador y Bolivia. Desde el primer momento, el ambiente estaba cargado de energía y expectativa. Los paneles, talleres y juegos colaborativos se diseñaron a propósito para romper jerarquías y fomentar la participación. No eran audiencias pasivas; eran contribuyentes activos. Mediante dinámicas de equipo y sesiones de cocreación, los participantes trabajaron juntos para elaborar propuestas concretas sobre política pública, participación cívica, protección ambiental y justicia social, muchas de las cuales se prepararon para presentarse ante el Congreso de la República del Perú durante el período 2025-2026. La expresión cultural también fue central en la experiencia. Danzas tradicionales y performances espirituales que honraban el patrimonio indígena del Perú nos recordaron que el liderazgo en nuestra región es inseparable de la identidad, la memoria y la comunidad. Conversaciones que se transformaron en compromiso Uno de los aspectos más significativos de la conferencia fue la presencia de oradores que entendían que su papel no era dar una conferencia, sino escuchar, orientar e inspirar. Líderes y agentes de cambio como Angel Montero Cáceres, Nayla Pariamachi Panebra, José Antonio Alva Bacigalupo, Venuca Vivanco, Andrea Falcón, Ana Paula Guillén Yangali, Norly Melchor Valdivia, Inés Yábar, María Fernanda Chaparro Cornejo, Brian Oblitas Gallardo, Daniel Torres Castillo, Ricardo Gálvez del Bosque, Luz María Helguero y Noemí Huamán Castillo compartieron no solo su experiencia, sino también sus trayectorias personales. Lo que hizo poderosos esos momentos fue la forma en que los participantes se involucraron: haciendo preguntas difíciles, cuestionando supuestos y conectando sus propias realidades con asuntos regionales más amplios. La línea entre orador y participante a menudo desaparecía, sustituida por un diálogo genuino. Cruzar fronteras para ser escuchados Tal vez la dimensión más conmovedora de esta conferencia fue su participación internacional. Líderes jóvenes de Colombia y Bolivia viajaron durante días para estar presentes, pese a la inestabilidad política y a los riesgos que definen hoy sus contextos. Fueron recibidos con calidez y solidaridad por la juventud peruana, creando un sentido de unidad regional que se sentía a la vez raro y necesario. Una historia, en particular, se me quedó grabada. Valentina, una joven participante de Bolivia, viajó casi 48 horas para llegar a Lima. Enfrentó el agotamiento, la incertidumbre y el miedo, y aun así llegó con claridad y determinación. Su motivación era simple y poderosa: alzar la voz sobre la situación crítica que enfrenta su país y formar parte de un colectivo que cree que las voces juveniles importan. Su valentía reflejó la de muchos otros que eligieron la participación por encima del silencio. Impacto más allá del evento Al final de la conferencia, quedó claro que había ocurrido algo significativo. Lo que presenciamos no fue solo entusiasmo, sino agencia. Los jóvenes demostraron que están listos para liderar, para proponer soluciones y para colaborar a través de las fronteras. Llevan una energía que es a la vez urgente y esperanzadora, un deseo de cambio que necesita espacios donde pueda crecer. Organizar esta conferencia reafirmó algo en lo que creo profundamente: cuando creamos espacios intencionales para la juventud, no estamos simplemente organizando eventos; estamos cultivando ecosistemas donde las ideas evolucionan hacia iniciativas y el liderazgo se vuelve colectivo. Esta conferencia no fue la conclusión de un proyecto. Fue el comienzo de una conversación regional. Y a cada joven que se presentó, alzó la voz y confió en esta visión compartida: gracias. Esto es solo el comienzo.




