Es cierto que el Imperio británico creó un Estado segregado en Kenia mediante leyes que podrían ser responsables de la división étnica que vemos hoy, con la tribu en el poder reservando todos los empleos y el dinero para los miembros de su propia tribu, en exclusión de las demás.
Los británicos diseñaron a medida un sistema aislado para evitar cualquier amenaza a la supremacía británica, lo que creó un Estado colonial caracterizado por un progreso selectivo y restrictivo destinado únicamente a beneficiar a los británicos, y por tanto una receta para la división étnica. Durante el período colonial, se negó a los kenianos el acceso a las necesidades más básicas, la posibilidad de poseer tierra y de estudiar durante casi 60 años, hasta que Kenia obtuvo su independencia en 1963.
Tras la independencia, Kenia impulsó el desarrollo de infraestructura, la mejora de la salud, el acceso a la educación y el avance de las tecnologías de la información. Ello trajo una revolución de cambio social y la centralidad del Estado de derecho en Kenia, una contribución a la estabilidad de la nación hasta hoy. Aunque Kenia fue colonia de Gran Bretaña durante mucho tiempo, la transición de la dictadura a una política multipartidista más auténtica también llevó bastante tiempo. Debemos aceptar que los efectos de la historia de Kenia pueden haber sido negativos y que podemos hacerlo mejor, pero debemos dejar de jugar con sus instituciones, sistemas, democracia y elecciones. Así el país avanzaría sin que las afiliaciones tribales dominen los recursos y sin que las afiliaciones políticas se basen en la tribu.
Las elecciones kenianas se celebraron el 8 de agosto de 2017. Un buen número de ciudadanos acudió a votar y, en mi opinión, los observadores electorales cumplieron su parte al presenciar el proceso de votación, desde las filas hasta el depósito de la papeleta y, finalmente, el recuento. No estuvieron atentos, sin embargo, a la infraestructura de tecnologías de la información puesta en marcha, y les faltaron expertos que verificaran que los datos de resultados transmitidos no estuvieran siendo alterados y se ajustaran a lo que exige la ley. Sí dejaron claro, no obstante, que en caso de irregularidades o impugnaciones del proceso y de los resultados, la oposición debía abordarlas mediante peticiones y los tribunales, y no en las calles, como ocurrió en 2007, que dejó a Kenia herida hasta hoy. Ello llevó al líder de la oposición, el Sr. Odinga, a través de su partido, NASA, a presentar una petición ante la Corte Suprema de Kenia para impugnar la elección por irregularidades en el caso Raila Odinga c. IEBC y Uhuru Kenyatta, que parecía una causa perdida. Pero, para sorpresa inesperada, la Corte Suprema de Kenia dictó un fallo que declaró nulas las elecciones: una clara señal de independencia judicial y, sin duda, la primera de su tipo en África, ¡donde el presidente no está por encima de la ley!
El auge de las redes sociales y la digitalización de la economía keniana de hoy llevaron a que el gobierno rinda más cuentas, mediante denuncias y la libertad de expresión de la ciudadanía en esas plataformas. Los tribunales de Kenia y una mayor inclusión financiera también han contribuido de forma decisiva a que el gobierno keniano rinda cuentas de manera inquietante. Si se preserva esta fuerza, las instituciones corruptas de Kenia y la impunidad arraigada se desintegrarán.




